Marcelina de Ciriza: del barco factoría al fantasma de Mar del Plata
Antes de quedar frente a Constitución, fue una apuesta por la pesca de altura. Su historia cruza astilleros españoles, un incendio, once años de abandono y el temporal de 1991 que lo llevó a la deriva sin tripulación.

Un barco puede convertirse en parte de una ciudad incluso después de dejar de navegar. Para quienes recuerdan la costa norte de Mar del Plata en los años noventa, el Marcelina de Ciriza es una de esas presencias: un casco enorme frente a Constitución, demasiado cerca de la playa, que parecía guardar una pregunta. ¿Cómo había llegado hasta allí sin nadie al mando?
La respuesta empieza en un temporal, pero la historia comienza mucho antes. Detrás del apodo de barco fantasma hubo un proyecto industrial, trabajadores, campañas de pesca y una larga espera en el puerto. Recuperar esa vida anterior permite mirar el naufragio con algo más que asombro.
Un barco que tardó años en nacer
Miguel Ciriza reconstruyó su origen en el trabajo de la antropóloga Rosa García-Orellán, «Casa Ciriza» contada por don Miguel Ciriza. El proyecto comenzó en 1956; el casco se construyó en Astilleros del Cadagua, en Bilbao, y después fue remolcado a Factorías Vulcano, en Vigo, para completar el montaje. Allí se inauguró en 1965. Su nombre homenajeaba a Marcelina Alarcia, madre de Miguel, que fue madrina de la ceremonia.
Era un arrastrero factoría de propulsión diésel eléctrica, preparado para procesar y congelar pescado a bordo. El 16 de febrero de 1965 partió hacia Sudáfrica con 54 tripulantes. En 1977 comenzó su etapa argentina: llegó a Buenos Aires el 27 de septiembre y salió a pescar el 29 de octubre, con una dotación española y argentina. El relato de Ciriza registra además una visita al barco abandonado en mayo de 1991, poco antes de su última deriva.
Por eso las fechas de su nacimiento pueden parecer contradictorias: la construcción del casco y el comienzo de la actividad corresponden a etapas distintas. El Marcelina fue una apuesta que necesitó años para convertirse en un barco operativo.
El incendio que lo dejó esperando en el puerto
Según la reconstrucción de Thom Lahitte en Bacap, basada en el testimonio de Ciriza, el 23 de julio de 1980 entró en Mar del Plata con un incendio en la bodega del entrepuente, donde se guardaban cajas de cartón. El daño lo dejó fuera de actividad. La crisis empresarial y los problemas para recuperarlo prolongaron su inmovilización.
Ciriza vinculó los incendios a prácticas de la vida a bordo, como los calentadores para el mate y los asados en cubierta. Son sus explicaciones retrospectivas: no equivalen a un peritaje que establezca la causa de ese siniestro. Con el paso de los años, el pesquero fue desmantelado y se convirtió en un casco inactivo dentro del paisaje portuario.
La noche del 19 al 20 de junio de 1991
El temporal golpeó la Costa Atlántica el 19 de junio. Infobrisas, al reconstruir el episodio en 2025, menciona ráfagas superiores a 120 km/h, techos volados, árboles arrancados, interrupciones de luz y agua y unos 140 evacuados. También registra cuatro muertes vinculadas al fenómeno: tres en Mar del Plata y una en Miramar. Ese balance corresponde a la tormenta regional, no a víctimas a bordo del Marcelina.
Fuente: Infobrisas, reconstrucción del temporal de junio de 1991 (19/06/2025)
Durante esa noche, las amarras cedieron. El barco salió del puerto sin una tripulación que pudiera gobernarlo y apareció varado frente a la rotonda de Constitución, sobre la avenida Félix U. Camet. La crónica de 0223 de 2021 sitúa la salida en la madrugada del 20 y calcula unos 15 kilómetros de deriva. Describe el paso entre las escolleras y olas cercanas a diez metros.
Fuente: 0223, la última travesía del Marcelina de Ciriza (20/06/2021)
Noticias Argentinas atribuye parte de su sorprendente recorrido al escaso calado del casco, ya desprovisto de lastre. Su reconstrucción incluye el paso por Cabo Corrientes antes de la varadura. Es una explicación publicada del episodio; reconstruir la trayectoria exacta exigiría información que estas crónicas no aportan. La deriva, en cualquier caso, fue involuntaria: el barco estaba a merced del viento y del mar.
Fuente: Noticias Argentinas, «La increíble historia del “barco fantasma” de Mar del Plata»
Tuque y los fantasmas de cubierta
La leyenda tiene un protagonista de cuatro patas. En la versión recogida por El Cronista, el sereno, don Manuel, vio alejarse el buque y su perro Tuque quedó asociado a aquella travesía. El mismo relato reúne ladridos escuchados desde tierra, luces en el barco y siluetas humanas sobre cubierta. Son motivos de la memoria popular, no pruebas de una tripulación oculta.
Fuente: El Cronista, las versiones populares sobre Tuque y el barco fantasma (31/03/2024)
Las versiones ni siquiera coinciden en el desenlace del perro: 0223 relata que fue rescatado después de la varadura; otros textos dejan su suerte como un misterio. La imagen de Tuque convertido en capitán pertenece a la leyenda. Que un casco atravesara el puerto y terminara frente a la playa sin marineros ya era suficiente para alimentar historias durante generaciones.
Encallar no fue el final
Conviene separar dos momentos. En junio de 1991 el Marcelina quedó varado. La retrospectiva de 0223 de 2015 fecha su hundimiento en un nuevo temporal, el 11 de mayo de 1992. Su desaparición del paisaje fue gradual: el mar y la corrosión terminaron por transformar la silueta reconocible en restos de metal.
Fuente: 0223, retrospectiva que fecha el hundimiento posterior en mayo de 1992 (19/06/2015)
En los años siguientes circularon ideas para convertirlo en confitería, local nocturno o casino flotante, recuerda la nota de 0223 de 2021. Ninguna se concretó. En febrero de 2025, Bacap todavía describía hierros que podían asomar con bajamar y advertencias de peligro en la playa. Esa descripción corresponde a la fecha del reportaje: no garantiza el estado actual de los restos ni su visibilidad.
Su historia quedó repartida entre dos costas: la de los astilleros donde tomó forma y la marplatense donde terminó su recorrido. Recordarlo como barco fantasma conserva el asombro de aquella noche. Recordarlo también como barco factoría devuelve al relato los años de trabajo que hubo antes del naufragio.




